Los medios sociales y otros síndromes contemporáneos

Madrid 2013

NT. / EXT.  Habitación de Asier / Manzana  Interior – Día

SUENA THE SPARROW DE MASTODON DE FONDO

Asier (31), de aspecto ligeramente desaliñado, vestido para la calle con una camiseta de manga corta y vaqueros pero con zapatillas de casa en los pies, está sentado en la silla plegable delante del ordenador.

Escribe unas pocas frases en un documento en el portátil. Para, echa un corto vistazo a los papeles llenos de garabatos alrededor del ordenador, y escribe unas pocas palabras más. Vibra el móvil, vuelve a dejar de escribir en el ordenador y coge el teléfono, lo mira, y vuelve a dejarlo donde estaba. Minimiza el documento y maximiza el navegador de Internet. Comprueba sus mensajes en redes sociales, escribe comentarios y un tweet. Abre la portada de un diario digital y ojea algunas noticias, aunque casi sin leerlas. Abre un blog y escanea un post, copia el URL y lo tuitea. Tras unos minutos, mira su reloj y resopla.

focusyn

La descripción anterior es un extracto de la escena que escogí para narrar un momento cotidiano de mi vida en mi habitación, como ejercicio para la clase de escritura de guión. En un par de párrafos traté de mostrar, de forma un tanto hiperbólica por supuesto, las rutinas y problemas a los que me enfrento. Por un lado, Internet y los medios sociales son indispensables para mi quehacer diario. Tengo que utilizarlos, monitorizarlos y estar presente más activamente de lo que a veces me gustaría. Por otro lado, a veces se convierten en un laberinto en el que me quedo atrapado.

Yo antes era una persona normal y formal, tirando a nerd y resabiondillo. Leía libros, escribía relatos, estudiaba y trabajaba como muchos otros jóvenes. Pero de repente llegó Internet, y otra forma de ver, explorar y degustar el mundo. El caos. El andar a salto de mata. La Wikipedia. Google. Los blogs. Youtube. Facebook. Twitter. Mi primera infoxicación aguda. Todo se fue a la mierda. Mi capacidad de concentración en una sola tarea al garete junto con mis habilidades de lectura lineal y de atención plena a una sola actividad en cada momento. El smartphone lo empeoró todo aún más si cabe, y ya no soy capaz ni de mantener una conversación sin que la vista se me vaya a la puñetera pantallita cada cinco segundos.

Cuando presenté mi guión, mis compañeros de curso (la mayoría de ellos nacidos en plena euforia olímpica de principios de los 90) me miraron extrañados y con cara de preocupación. Ellos no entendían mi comportamiento, no captaban mi mundo. Me llamaron friki. Me pidieron que dejara en paz el puto smartphone. Me señalaron con el dedo y me tiraron piedras. En definitiva, dejaron en evidencia algo que ya intuía: que lo que a muchos nos parece un estilo de vida tan común, puede en realidad llegar a ser una enfermedad. Soy un niño burbuja del Social Media, con síntomas bien definidos:

  • Desorden de Déficit de Atención (ADD)

Cuando participo en una conferencia, una clase o una simple cena con los amigos, paso de las personas y las conversaciones reales, me escapo del aburrido mundo físico y me centro en buscar una frase o momento ingenioso para twittear mientras chateo con otros amigos que se encuentran a kilómetros de distancia.

  • Tendencia aguda a la procrastinación

Necesito estar conectado en todo momento. Es importante que no pierda detalle de ninguna actualización. No puedo quedarme atrás, he de estar a la última, al minuto. Es por eso por lo que, esté haciendo lo que esté haciendo, nunca debo olvidarme de comprobar si ha ocurrido algo nuevo en las redes sociales, aunque eso no me permita concentrarme en lo que me da de comer. Lo primero es lo primero.

  • Egolatría galopante

No puedo evitar demostrar lo guay e interesante que es mi vida, exagerando lo bien que me lo paso en los miles de planes, comilonas y eventos ex-clu-si-ví-si-mos a los que soy invitado. Inundo mis redes sociales de crónicas bien documentadas y geolocalizadas de todo lo que hago (o digo que hago), ya que estoy seguro de que a mis miles de “amigos” les interesa una barbaridad. Spam, spam, spamspamspam.

  • FOMO (Fear Of Missing Out)

Por supuesto, no soy el único que hace check-ins y escribe actualizaciones apasionantes (aunque me gustaría). Cada vez que uno de mis amigos virtuales se explaya sobre su día a día descubro que está viviendo experiencias que yo me estoy perdiendo. No poder ir a aquel concierto de un grupo que no sabía ni que existía me pone de mala hostia, me hace sentir inferior.

Se podría pensar que esto que describo es lo más habitual entre los jóvenes actuales. Los llamados Millennials, la generación que ha crecido con Internet, ha desarrollado nuevas formas de aprender, observar el mundo, relacionarse e incluso ligar. Ahora somos hiperactivos, multitasking, transmedia, augmented y toda esa serie de palabrejas que nos hacen parecer más guays que las grises y aburridas generaciones anteriores. La realidad ha quedado obsoleta, no se ha actualizado como nosotros, y ya no responde a nuestras necesidades. Pedimos a nuestros profesores que no nos den la chapa, a nuestros jefes que rompan con las barreras jerárquicas y a las marcas que no nos lancen mensajes de forma unidireccional. ¿Pero de verdad debemos exigir al mundo que se adecue a nuestro síndrome? ¿O quizá lo que sufrimos no es tan normal, y mucho menos positivo?

Los estadounidenses son unos maestros en eso de descubrir (o inventarse) síndromes. Y como no, para cada uno de ellos tienen su remedio paliativo en forma de pastilla. No hay por qué llegar a esos extremos. Sin duda, lo mejor que se puede hacer es evitar perder el control, siendo comedidos y manteniendo el sentido común. Y si esto no funciona, una buena hostia a tiempo bien dada… Aquí siempre hemos sido más de remedios caseros.

Imágenes:

The Simpsons – Fox

In The Court of the Crimson King – King Crimson

@axialbis



Asier Albistur

Strategic Planner y coleccionista de experiencias. Trato de embarcarme en aventuras que me permitan conocer gente, culturas y lugares distintos. Me encanta observar el mundo y absorber información, cuanto más aleatoria, curiosa e inútil mejor. Paradójicamente, soy cabezón y adicto al debate.

3 comentarios en “Los medios sociales y otros síndromes contemporáneos

  1. 100% identificado, podría haberlo escrito yo perfectamente, aunque no tan bien, claro.

  2. Sr Gualtrapa, éste es el pan nuestro de cada día de millones de personas, a falta de que nos den una colleja bien dada y comencemos a hacer un uso más racional de Dospuntocerolandia. Por cierto, gracias, pero su nombre delata que podría haberlo escrito muchísimo mejor que yo.

  3. Pingback: Dime qué App tienes y te diré cómo de sociable eres | Mis Apis Por Tus Cookies

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