Es mejor tener los pies en el suelo que la cabeza en las nubes

Decía uno de mis profesores que la historia es cíclica y una gran filósofa (creo que se llamaba Mafalda), que las vanguardias de una época suelen coincidir con las retaguardias de la anterior.

Comulgo con ambas ideas y no puedo evitar comparar la “ultimísima” tecnología del Cloud Computing con los tiempos en que Bill Gates y compañía (por entonces pobres como ratas y con acné juvenil) compraban tiempo de uso en un servidor remoto para poder programar, vía modem y en tarjetas perforadas, desde los terminales “tontos” que tenían en sus casas. Mucho ha llovido desde entonces, pero a cualquier persona introducida en “la nube” le sonará el procedimiento.

No voy a ser yo el que niegue las ventajas que ofrecen los servicios de Cloud  Computing… Son tantas que solemos centrarnos en las tres más evidentes: reducción de costes, facilidad de implementación y escalabilidad. Yo soy el primero en confesarme usuario asiduo de servicios como Dropbox, Google Docs o Xbox life, y en reconocer que su uso ha transformado mi forma de trabajar y divertirme. Pero precisamente como early adopter y heavy user de estos servicios, estoy cada vez más convencido de que, ahora que la nube es “trendin topic”, conviene analizar bien los contras (que también los hay) de este tipo de servicios.

En primer lugar, el gran talón de aquiles de los servicios en la nube es el de la seguridad y la privacidad de los datos… y si bien los proveedores de estos servicios son conscientes de ellos e invierten ingentes cantidades de tiempo y esfuerzo para lograrlo, ninguno puede, a día de hoy, garantizar que estamos protegidos frente a ataques que persigan el robo de datos o, simplemente, dejar inoporativo el servidor que nos proporciona el servicio contratado. Un claro ejemplo de esta situación son los continuos ataques que sufren las plataformas online de Playstation y Xbox para obtener datos sin importancia, como el número de nuestra tarjeta de crédito.

También destacaría el escaso o nulo control que como usuarios tenemos del servicio contratado. El proveedor decide cómo y cuándo se actualizan sus prestaciones o el interface, marcando los tiempos que a él le convienen y no los que a nosotros nos interesarían. Yo lo he sufrido recientemente al menos en dos ocasiones, precisamente en dos servicios que uso en mi actividad profesional: el cliente Hootsuite (dejó de programar posts en algunas de las cuentas de mis clientes tras una “revolucionaria” actualización que en realidad cambió bien poco) y el todopoderoso Facebook, que me negaba el acceso al sistema porque estaba actualizando una de sus bases de datos, precisamente la que alojaba a mi usuario.

Para no extenderme demasiado e ir cerrando el círculo, expondré que el uso de servicios en la nube, en realidad sólo es más económico para empresas y organizaciones relativamente grandes. Como pequeño usuario, me cuesta más pagar una cuota de 10 euros mensuales por el uso de una aplicación (que perderé en cuanto deje de pagar) que adquirir el software en propiedad y usarlo durante varios años. Y lo mismo ocurre con los juegos online que utilizan el sistema de micropagos (imprescindibles para disfrutar de una experiencia completa y ser algo más que un sparring para jugadores premium).

Y para rematar, el “percance” que más me ha dolido y que, de paso, sirve para justificar la imagen de cabecera de este post: Yo formaba parte de ese “uno por mil” que tenían una suscripción de pago a Megaupload para uso legítimo y que, cuando el FBI decidió precintar el servicio unilateralmente, con nocturnidad y alevosía, perdió los vídeos corporativos de sus clientes, gran parte de la documentación de su empresa, los nervios y, cómo no, el acceso a la mayor cripta de conocimiento que ha conocido la humanidad.

¿Os imagináis que pasaría si esta noche el FBI decide que Dropbox vulnera los derechos de autor e interviniese la página?

 

 

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4 comentarios en “Es mejor tener los pies en el suelo que la cabeza en las nubes

  1. Que gran reflexión! es cierto, son servicios muy prácticos y cómodos pero que limitan nuestro control sobre datos privados.

  2. Que íbamos a fliparlo en colores, socio. Eso sucedería. Y se adelantaría la World Wide War, o la World War Web, o como carallo se llame eso de las guerras en las nubes :-)

  3. Muy buena reflexión. No se me ha ocurrido el punto del pago. Me parece válido también para grandes org para programas especializadas.
    A mí me interesa disfrutar a máx de servicios gratuitos. Lloré cuando G cambiaron su writer. Pero cada uno con sus prioridades: los mios son la posibilidad de editart en tiempo real y de guardar lo escrito en la nube.

  4. Yo he solicitado miles de veces a Facebook que me de acceso a la base de datos para yo mismo hacerle el mantenimiento e instalar las actualizaciones pero los muy malditos ni siquiera me han contestado mis peticiones. Se las dan de muy expertos pero puedo jurar que mi computadora es 1000 veces más segura que sus sistemas mediocres.

    Lo mismo pasa con el banco, estoy pensando seriamente en sacar mi dinero y esconderlo debajo de mi cama. Las noticias son alarmantes, todo el tiempo están robando bancos y a mi casa NADIE se ha metido jamás.

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